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Marcas, datos e IA: cómo ganar confianza en un ‘consumidor algorítmico’

Publicado el

13 febrero, 2026

Tema

Marketing Digital

Experto

Héctor M. Meza

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El actual consumidor vive en una paradoja que desafía muchas de las certezas sobre las que el marketing ha operado. Por un lado, exige experiencias personalizadas y oportunas; y espera que las marcas entiendan su realidad, anticipen sus necesidades y eliminen fricciones.

Pero, al mismo tiempo, rechaza sentirse predecible, etiquetado o reducido a un conjunto de datos. A medida que la inteligencia artificial (IA) ocupa un lugar central en las estrategias de marketing, esta paradoja representa uno de los mayores retos para las marcas.

IA gana terreno a motores de búsqueda tradicionales
A nivel global, el 58% de las personas consumidoras ya ha sustituido los motores de búsqueda tradicionales por herramientas de IA para obtener recomendaciones de productos y servicios, de acuerdo con la consultora Capgemini.

A este dato se suma que, en México, el 26% de los consumidores ya utiliza IA para planificar o decidir sus compras en línea, de acuerdo con el Estudio de Hábitos de Compra 2025 de Elogia.

Sin embargo, esta adopción no implica una confianza plena, pues 53% de los consumidores manifiesta desconfianza o reservas frente a la fiabilidad e imparcialidad de los resúmenes generados por IA en los motores de búsqueda, según un informe de Gartner. Es decir, este consumidor “algorítmico” recurre a la IA, la incorpora en su proceso de decisión y valora su conveniencia, pero al mismo tiempo cuestiona su criterio y sus sesgos, y percibe una ausencia de humanidad.

El consumidor que usa la IA, pero desconfía de ella

La promesa de la IA en marketing, de anticipar deseos, optimizar decisiones y escalar la personalización a niveles antes impensables, se está volviendo realidad. Recomendaciones de contenido, productos sugeridos “justo a tiempo”, mensajes que llegan en el momento preciso y flujos de atención cuidadosamente diseñados forman hoy parte del paisaje digital cotidiano. En él, el consumidor “algorítmico” reconoce el valor funcional de la IA, pero también es consciente de que sus interacciones y datos alimentan sistemas predictivos que anticipan —y condicionan— sus decisiones.

Lo que este consumidor cuestiona no es la presencia de la tecnología, sino su hegemonía. No rechaza la automatización, pero exige señales claras de criterio editorial, intención humana y límites éticos. Quiere percibir que no todo está completamente delegado al sistema; que detrás de cada recomendación existe una curaduría, una narrativa y una responsabilidad asumida por la marca.

Y es que la inteligencia artificial ha perfeccionado la capacidad de predecir comportamientos con notable precisión, pero no necesariamente la de interpretar intenciones. Puede identificar patrones recurrentes, pero carece de sensibilidad para comprender matices culturales, emocionales o contextuales que no siempre se traducen en datos estructurados. Para las marcas, el reto, ahora, es equilibrar el poder predictivo de la IA con una comprensión más profunda —y humana— del consumidor.

Algoritmos que optimizan, marcas que humanizan

En estas condiciones, la personalización ya no puede considerarse un verdadero diferencial competitivo. Hoy, prácticamente todas las marcas pueden hacerlo. La diferencia está en cómo se usa la tecnología, es decir, en la capacidad de combinar la eficiencia de la inteligencia artificial con sensibilidad humana, la automatización con autenticidad, y los datos con contexto. En otras palabras, que la IA ayude a la marca a expresarse mejor, en vez de definirla por completo. 

Desde esta perspectiva, algunas claves comienzan a volverse evidentes:

  • Primero, aceptando que no todo debe ser automatizado. La eficiencia no siempre equivale a valor. Hay momentos en el recorrido del consumidor donde la intervención      humana —o al menos su huella visible— es clave para construir confianza y credibilidad. La curaduría de mensajes, la construcción de relatos y el manejo del tono, funciones propias de la comunicación estratégica y las relaciones públicas, requieren interpretación, juicio y sensibilidad social, no solo optimización algorítmica.
  • Segundo, estableciendo límites claros y comunicables sobre el uso de datos y la lógica detrás de las recomendaciones. Explicar por qué se muestra determinado contenido o se sugiere una opción específica devuelve al consumidor una sensación de control y atenúa la percepción de manipulación. En este sentido, la comunicación de marca resulta clave como un ejercicio de claridad y responsabilidad, ya que permite explicar las decisiones técnicas, las hace comprensibles y las sostiene desde un criterio ético frente a las audiencias.
  • Tercero, incorporando el contexto como factor crítico de decisión, no solo como dato. El mismo mensaje puede ser relevante o profundamente desconectado dependiendo del entorno social, cultural o emocional en el que se reciba. Los equipos de marketing y comunicación tienen la insustituible función de interpretar el momento, entender el clima y anticipar reacciones, una tarea tan importante —o incluso más— que la precisión del algoritmo, especialmente cuando las marcas participan en conversaciones públicas sensibles.
  • Finalmente, asumiendo una postura ética activa frente a la automatización. No es suficiente con cumplir normativas; es necesario demostrar criterio. Decidir cuándo no personalizar, cuándo no anticipar, cuándo dejar espacio para la sorpresa o la exploración también comunica valores y posiciona a la marca frente a sus públicos.

      La paradoja de este consumidor “algorítmico” no se resolverá con mejores algoritmos, sino con mejores decisiones. En una era digital en la que la tecnología parece capaz de hacerlo todo, el verdadero valor reside en decidir qué no hacer y, sobre todo, en comprender por qué. Entender esto no solo hará que las marcas logren destacar en el mercado, sino que sean más confiables. Y en un mercado saturado de predicciones, la confianza es, quizás, el activo más escaso.

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      FAQS

      ¿Por qué los consumidores usan inteligencia artificial pero desconfían de ella?

      Los consumidores utilizan inteligencia artificial porque facilita recomendaciones y acelera decisiones de compra, pero desconfían de su imparcialidad y sesgos. Valoran la eficiencia del algoritmo, aunque exigen transparencia, criterio humano y límites éticos claros en el uso de datos y personalización.

      ¿Cómo pueden las marcas equilibrar automatización e intervención humana en marketing?

      Las marcas deben combinar la capacidad predictiva de la inteligencia artificial con sensibilidad humana. No todo debe automatizarse. La curaduría de mensajes, el tono y el contexto requieren juicio estratégico. El diferencial competitivo ya no es personalizar, sino humanizar la personalización con criterio ético y claridad comunicacional.

      ¿Qué estrategias ayudan a generar confianza cuando se usa IA en marketing?

      Para generar confianza, las marcas deben explicar cómo usan los datos, establecer límites visibles a la automatización y demostrar responsabilidad ética. Incorporar contexto cultural y emocional en cada mensaje fortalece credibilidad. La transparencia sobre la lógica algorítmica reduce la percepción de manipulación.

      Este artículo fue publicado originalmente en Alto Nivel.

      Puedes conocer más contenido del autor en Alto Nivel.

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